Un poco de historia y algunas leyendas
NIRGUA

Pueblo
agrícola y minero, su situación estratégica en la autopista que va de
Barquisimeto a Valencia y Caracas hace de él un centro poblado pujante y
con muchas posibilidades de desarrollo comercial y turístico.
Lo primero que llama la atención a la entrada, es la gran estatua de
la Virgen de la Victoria del Prado de Talavera,
patrona de Nirgua. Esta Virgen, originalmente del pueblo de Talavera de
la Reina (Toledo) España, la cual a su vez fue traída a España desde
Tierra Santa llevada al pueblo de Talavera en el año 602 por el rey
visigodo Liuva II, con la idea de cristianizar el templo pagano de la
diosa Ceres, al oriente de dicho centro urbano. Se le hizo una ermita en
un lugar llamado El Prado. Se dice que los indígenas de la zona, los
nívar, tenían una diosa de la naturaleza llamada Yara (podría ser que
Yaracuy significara "lugar de Yara"), y que al llegar los españoles, la
cristianizaron con el nombre de Nuestra Señora María de la Onza del
Prado de Talavera de Nivar que con el tiempo llegó a llamarse María de
la Onza y finalmente María Lionza.
Origen de la imagen

No
existe certeza de la fecha exacta del inicio de la veneración a esta
advocación en la ciudad de Talavera, aunque es una de las imágenes más
antiguas de la Diócesis de Toledo. La teoría y/o leyenda más extendida
acerca del origen de la imagen asevera que fue un regalo a Talavera del
Rey Liuva en el siglo VII. Este era hijo de Recaredo y sobrino de San
Hermenegildo. Sin embargo hay quienes creen que es un regalo de San
Ildefonso a Talavera como premio por los servicios prestados por esta
ciudad en contra del arrianismo, que defendía que María era Madre de
Cristo hombre, pero no era Madre de Dios. El arcipreste Juliano afirma
de la Virgen del Prado: "
Era muy estimada de San Ildefonso". Y
Pedro de Villarroel, escribano de la ciudad, recoge la devoción que San
Ildefonso tenía a la Virgen del Prado, que fue Arzobispo de Toledo y que
vino a visitarla varias veces a Talavera de la Reina.
Culto
La festividad de Nuestra Señora del Prado es el día 8 de septiembre,
vinculado a un hecho histórico transformado en el culto principal a
nuestra señora: La cristianización de las "Mondas", antiguo rito en
honor de la diosa Ceres. Las Mondas, tanto en su época pagana como en su
época cristiana, fueron siempre fiestas con un cierto carácter oficial,
abiertas no solo a los hijos de Talavera sino a toda la comarca. Su
misma descripción remite a un origen antiquísimo y noble. Todo este
ritual se ha mantenido sustancialmente. Las fiestas se cristianizaron
iniciándose el culto a nuestra Señora del Prado, probablemente en la
época tardorromana o de transición a la visigótica, siglos IV- V.
Tradicionalmente los niños nacidos en Talavera son pasados bajo el
manto de la imagen para encomendarlos a su protección. También se
celebran los mayos y la novena a la Virgen del Prado.
Templo y coronación canónica

Felipe
II denominó a la Ermita de la Virgen del Prado "Reina de las Ermitas";
el Cardenal Quiroga (1577-1594) la llamó "Madre de las Ermitas". Tenemos
noticias de las diversas restauraciones realizadas, la primera en 1210,
la última en 1979.
Pío XII concede la Bula de la Coronación Canónica el 15 de julio de
1956 y se lleva a efecto, con filial entusiasmo, el 30 de mayo de 1957.
En la ceremonia participó la esposa del general Francisco Franco.
El 14 de febrero de 1989 se firmaba en Roma, junto a San Pedro, una
Bula Pontificia por la que se elevaba la Ermita a la dignidad de
Basílica Menor por decisión de Su Santidad el Papa Juan Pablo II y se
consagraba como tal el día 5 de Noviembre del mismo año.
Santa María del Prado
Talavera es una ciudad mariana por excelencia. Desde hace siglos
lleva en su alma una entrañable devoción a la Madre de Dios, se puede
decir que existe un pacto de amor entre la Virgen del Prado y el pueblo
de Talavera. Sin exageración puede afirmarse que ante la Virgen han
desfilado, a lo largo de la historia, todas las ansias, anhelos,
aspiraciones y proyectos del pueblo talaverano. La devoción a su Virgen
ha forjado el alma de este pueblo y lo ha marcado para siempre. Estamos
seguros de que todas las empresas nobles, todos los hechos gloriosos de
los que nos habla la historia de esta ciudad, son perlas que se
formaron, flores que crecieron en este Prado.
Erase una Princesa que se llamó "Nivar" (Leyenda)

Antes
de la invasión española, un cacique Nivar tuvo una hija con las pupilas
de un vivo y hermoso color verde, color de aguamarina, color de jade,
color de piel de culebra verdegay. Grande fue la estupefacción del
cacique sus tributarios le exigieron que se les entregase la niña para
ser sacrificada al genio, al "dueño" tutelar de la laguna, la enorme
serpiente anaconda de las aguas. Mas el jefe jamás se decidiera. Como
pudo se libró de los descontentos. El jefe decidió recluir a la joven
niña en un lugar secreto, bajo la guarda de veintidós jóvenes guerreros.
La joven tenía una belleza sonámbula, algo reptilina, al destacarse sus
ojos verdes sobre el marco canela de su cara de india. Eran como dos
piedras preciosas engastadas en la morena ladera de algún picacho de la
Sierra Nivar.
A nadie más que a su madre y a sus veintidós guardianes viera la moza
de los ojos fatales; le estaba prohibido desde su nacimiento tener
cualquier lámina brillante que pudiera hacer la función de un espejo,
asomarse a corrientes de agua o vasijas, salir a plena luz si la lluvia
había formado charcos de agua sobre el suelo.
Mas un mal día un extraño sueño acometió a los veintidós guardianes,
producido por el vaho de la sierpe anaconda de las aguas, que clamaba
por su víctima anual. La niña de los Ojos de Agua salió a tientas, pues
sus ojos no se acostumbraban muy bien a la luz libre, hasta que logró
sentarse en el borde mismo de la charca sagrada. Estaba el agua quieta,
con una hierática quietud rebuscada. La doncella miró. Veía su cara por
primera vez, su gloriosa cara redonda y armoniosa, su boca, tentadora,
su barbilla soberbia. Pero, ¡Ay, dolor! en vez de pupilas sólo notaba
dos cuévanos profundos, un par de abismos por donde se asomaba el
misterio del otro mundo de los dioses y los muertos.
La niña quedó fija nada podía apartarla de contemplar aquellos dos
abismos encantados de sus ojos en el reflejo ácueo. Más de pronto, por
ellos empezó a surgir un movimiento. El rostro de la niña en la linfa
espumeante fue adquiriendo forma de serpiente, primero los dos ojos
metálicos de brillo fijo adamantino, impresionante; luego, el cuerpo,
creciendo en espirales, una sobre otra; y finalmente, el extremo afilado
de la cauda. El monstruo, intacto, inquietante, estaba allí. La
anaconda, "dueña del agua". La doncella dio un grito que retumbó en
todas las faldas de la Sierra Nivar, y se sumergió en las aguas, en el
sitio preciso en que estuvo el pavoroso reflejo de sus ojos.
Al grito despertaron los veintidós guardianes, los cuales buscaron a
la amada Ojos de Agua; mas en vano. Llegaron hasta la laguna, mas, en
vez del cuerpo de la niña adorada, encontraron al Dueño del Agua,
soberbio, espumeante, airado en su reino, batiendo la cola en el agua
subiente. La laguna extendía su contorno, en espiral marcada por el
moverse de la cola del monstruo, iba rellenando la concavidad en donde
se había formado con los siglos, hasta desbordarse como la copa
rebosante de un ebrio.
Los nívar huían de la inundación temible. Casas, templos, sembrados,
todo era arrasado por el dragón inmisericorde de las aguas. Este asomaba
su terrible cabeza verdegay sobre las lomas y abría sus fauces, cerro
abajo, hasta ir a espumear mas lejos, hasta la selva de Sorte hacia el
Noroeste, y hasta las aguas del Tacarigua hacia el Nordeste. Tanto
creció que su poder vital escapó de su cuerpo distendido por el ansia de
crecimiento exagerado. Y la sierpe escaló dando un gran coletazo,
vibró, se desmadejó y quedó inerte, con la cola en Sorte, cerca de
Chivacoa, y la horrible cabeza en Tacarigua.
María Lionza: la bella muchacha se convirtió en la dueña del agua,
protectora de los peces y más tarde extendió sus poderes sobre la
naturaleza, la flora y la fauna selvática en el vasto territorio vecino.
Así surgió la imagen de una Diosa protectora de la selva. Persigue al
cazador que mata inútilmente a los animales de la selva y al campesino
que quema los bosques.
La Sultana del Picacho
Según el prestigioso historiador Dr. Guillermo Morón, Nirgua fue la
última de las ciudades que fundaron los españoles en territorio
venezolano. Otro valor histórico que agrega a los muchos con que cuenta
el acervo de este pueblo.
Nirgua es la Sultana del Picacho. Esta hermosa ciudad, situada en la
serranía de Nirgua, en la falda misma de El Picacho, con un clima
agradable todo el año, es una de las más hermosas del Yaracuy.
Pocas ciudades del Yaracuy tienen un pasado histórico tan sugestivo y
atrayente. Poblada la región por indios Jirajaras y Nivares, sorteó la
ciudad todos los rigores y vicisitudes por las que atravesaron la
totalidad de las poblaciones venezolanas, en su denodado empeño de
pervivir.

Allí,
en el distrito Nirgua tuvieron su asiento las Minas de Buría, en la
antigua población de Real de Minas de Buría, mandada a fundar por Juan
de Villegas en 1551, fuente de riqueza en la España Colonial, las minas
de oro de Buría atrajeron a la zona conquistadores y aventureros, en
busca del codiciado metal allí tuvo lugar el primer gesto de rebeldía de
la raza oprimida, personificada en el Negro Miguel, quien en un gesto
de audacia y valor junto con otros negros tomó el Real de Minas, se hizo
nombrar rey, a su mujer Guiomar la coronó como reina y a su pequeño
hijo príncipe heredero, de acuerdo con lo que había visto y oído en su
largo peregrinaje de esclavitud y aventura. Este hecho ha sido tildado
de grotesco. Sin embargo, Rodríguez Cárdenas dice: "
pero vencido,
torturado y muerto, Miguel ingenuo, Miguel bravío, Miguel el negro,
había lanzado en tierras yaracuyanas el primer grito de la revolución
americana".
En Nirgua se encuentran todavía las ruinas del antiguo castillo de
San Vicente, pequeña pero importante fortaleza utilizada por los
españoles para vigilar y controlar la zona, impedir el contrabando y
mantener ato la dominación sobre esa inmensa y rica región.
Se dice que el vocablo “jirajara” se usaba para designar a unas
terribles hormigas, rojizas, grandes, muy bravas, pero luego se extendió
a los pobladores que vivían en tierras donde abundaban dichos insectos y
desde entonces a ellos se les llamó “jirajaras” que pasó a ser sinónimo
de valentía.
Más de un siglo de resistencia de los indómitos jirajaras impidió la
conquista del Valle de las Damas, Buría, Urachiche hasta Barquisimeto,
cerrando así toda posibilidad de fundar una ciudad entre El Tocuyo y
Valencia. Todo intento fue inútil, por que los destruían tal como
sucedió con Buría (1551), Las Palmas (1554), Villa Rica (1558), Nueva
Jerez (1568) y en el informe al Rey de España siempre había la misma
explicación: los jirajaras eran indomables y arrasaban con los
establecimientos españoles.
Hubo gobernadores como Gutiérrez de la Peña, Ponce de León y el mismo
Pedro Collado, que exasperados por los continuos fracasos informaron al
Rey que "mientras existieran 10 jirajaras sería imposible la
pacificación y por lo tanto la ansiada ciudad no podría levantarse entre
gente tan terrible.
En 1620 el capitán Andrés Román expresó que sólo se conseguiría la
pacificación de las tribus si se liquidaba al jefe de la resistencia que
según el informante era el indio GUARACAY quien es el que más daño hace
a los españoles, atacando a las tropas que marchan por los caminos
reales desde el Valle de las Damas a Barquisimeto, que importa mucho
aprehenderle y castigarle, que entran por la parte más oculta del Camino
Real, por Urachiche y Quara, y se le deben talar sus conucos para que
no tengan comida.
Luego fue enviado contra Guaracay al capitán Bartolomé de Torrealba
con las siguientes instrucciones: "se ordena y manda que se ha de
aprehender y prenda al PRINCIPAL GUARACAY quien reside en Buría y
Tucuragua y es jefe de una banda de forajidos y contra quien se fía
abierto proceso y condena a muerte.
Este y otros mandatos se pueden encontrar en el Archivo de las
Indias, parte correspondiente a la Audiencia de Sto. Domingo, legado
194, año 1620 y así podremos comprobar no sólo los horrores de la guerra
de conquista sino también la habilidad, valentía y dignidad del último
cacique jirajara, Guaracay quien sacrificó su vida en defensa de la
libertad de los suyos.
Muerto GUARACAY el resto de las tribus se dispersó y los españoles
fundaron la anhelada ciudad que no es otra sino: NUESTRA SEÑORA DE LA
VICTORIA DEL PRADO DE TALAVERA DE NIRGUA.
Los paredones o el fuerte de San Vicente

"Las
Ruinas de San Vicente", están ubicadas en la comunidad de San Vicente
del Distrito Nirgua, Estado Yaracuy. Se dice que fue construido en el
año 1557.
Aunque según cuentan los aldeanos que en este sitio se construyeron
unos muros sumamente altos por los habitantes de esta comunidad con la
finalidad de protegerse de los enemigos que venían para apropiarse de
las pertenencias de estos. Los materiales utilizados por estos
habitantes fueron ladrillos (adobes) de tierra.
Esto data desde la colonia, o quizás más años, según versiones de
algunos habitantes que han venido pasando de otras generaciones el
comentario, fue construido a duras penas, motivado que las piedras eran
llevadas desde Buría por mujeres, niños y hombres, que los obligaban a
cargarlos en la cabeza.
Era como una especie de cuartel o quizás para cubrirse del enemigo.
Durante la guerra según cuenta la hipótesis que tiene un subterráneo y
un túnel, donde solían salir hacia "El Picacho", según cuenta la
historia, su función era encuartelar a sus enemigos que llegaban a
atacar, luego los que se revelaban los ajusticiaban y enterraban en ese
mismo lugar.
Allí con el pretexto de reuniones de tipo festivo, celebraban a una
Patria Libre. En su gran salón de ladrillos cocido por ellos mismos, y a
la luz de velones que parpadeaban dentro de sus viseras de bambú.
El mobiliario de la Casona eran bancos hechos de maderas y sillas de
cuero de los animales que consumían; cocinaban con leña, cultivaban el
maíz, yuca, frijoles, caña de azúcar.
Fue las ruinas en aquel tiempo un fuerte muy importante el cual
sirvió de resguardo a un grupo de españoles que costeaban la región
yaracuyana, a su lado estaban los indígenas y los negros traídos de
África bajo un régimen esclavista.
Las guerrillas liberales volvían a manifestarse con evidencia de
ánimo combativo. Después de justo batallar era ocupado por el que vencía
su lucha. "Macique" era para ese tiempo como el eje central de todos,
una especie de baluarte por el centro de los liberales en aquellos
momentos de lucha, ya que existía un tipo de escondite que era "El
Fuerte de San Vicente" como así solían llamar los naturales de la misma
región, vía hacia la Montaña de Nirgua, donde existía el camino real o
vereda que unía o comunicaba procedentes de otras ciudades, como
descanso allí hacían escala y dormían; cuenta la historia de algunos
antepasados que, cuando Diego de Lozada fue a fundar a Caracas acampó y
durmió una noche en el "Fuerte de San Vicente" para descansar y luego
seguir su marcha hacia la fundación de Caracas.
Actualmente se pierde la enseña patria; se ha dejado a la desidia del
terrateniente el usufructo de las tierras que la rodean, no se ha hecho
la concientización del acervo histórico que ésta fortaleza representa y
un monumento al orgullo étnico de nuestros habitantes que se pierde en
el sueño iluso del pasado.
@fredesfj
https://expomaria.wordpress.com/virgen-de-la-victoria-del-prado-de-talavera-patrona-de-nirgua/